Fantasmas.

FANTASMAS.
E.W.

Fantasmas,
emparedada,
simple creerlo,
con esa canción puntual a las tres de la madrugada,
canción de cuna,
en una casa que nunca albergará niños.
Magia,
un pergamino ilegible responsable de la soledad, cabe mejor en un poema o en un libro,que aceptar las consecuencias.
Demasiadas letras en mi vida, en sueños y la piel,
creer en ellas,
historias de abuelas.
Brujas, azar, cuarzos, libros que caen solos…
duele menos,
que la realidad.
“San Benito”, cuesta menos que una hora con un psicólogo,
Leandrita está más cerca de mí, que tu mano cuando la ocupo.
Fantasmas,
son más constantes que tu abrazo al despertar.

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Cicatrices.

Me gustan las cicatrices,

nos recuerdan humanos,

historias que no soñamos, vivimos.

Heridas que nadie conoce,

daños.

Mis cicatrices son programadas,

coloridas,

porque no supe cómo vivir,

cómo caer y levantarme,

no corrí,

no caí de una bicicleta de niña ni me encajé un clavo en el pié.

Las cicatrices que tengo son invisibles,

quise vivirlo todo en un segundo.

Hacerlo todo.

Pero no funciona así.

Algunas cicatrices no se puede acariciar y sanar.

Algunas cicatrices dañan por sí mismas aunque no existan.

 

 

Hemos aprendido a amar con tal desapego, con tal egoísmo, que cuando el otro ocupa un minuto de nuestra ocupada agenda, no podemos sacrificarlo; se convierte en necedad, tontería, tiempo perdido. Entonces nos vamos.

Cuando hay una discrepancia, aunque todo lo demás sea funcional, es mejor saltar del barco, ¿para qué perder el tiempo conciliando? Es desgastante.

Si te necesita tu pareja, porque ha seguido un camino erróneo y está asustada, vete mejor, no llegues a arroparla y susurrarle que pase lo que pase estarás ahí. Es una pérdida de tiempo, que no te sobra, que ocupas para generar algo más positivo para tí.

 

Mantra.

Patricia, María, Mel, Fritz, Natalia, Mairen, Rossy, Mike, Mia, Armando, Javier, Luna, José, Anselmo, Alan, Tesla, Pollo, Lilith, Weri, Jaime, Siete, Helena, Obama, Muñeca, Sila, Yuri, Claudia, Eva, Bere, Grustavo, Luis, Perla, Cristian, John, Blanquita, Akasha, Scarlett, Zeuxis, Pandora, Atena, Suki, Yoko, Hope…

 

 

Libros. E.W. (C)

“Había una niña, que se comía los cuentos cuando niña, tan ávida estaba de saberlo y verlo todo, que nunca aprendió a dormir… su tío le regaló un cuento llamado Kartusch, los personajes principales se llamaban “Ojos Peludos”, un día encuentran una serpiente ciega llamada Kartusch…

Y aunque la niña ababa ese cuento, no entendió que debía cerrar los ojos en algún momento, para poder sentir, y vivir.

Y creció, creció sin poder dormir sin ayuda, encontró tres formas de dormir, ahogada en alcohol, tomando medicamento o abrazada al hombre que amaba.

No encontró la manera de ver la belleza y paz que había en su interior, aún entre el miedo, la ansiedad, la soledad; no encontró la forma de ver la luz que irradiaba a aquello que la ocupaba: un perro herido, una mujer violada, una amiga con problemas, un desconocido que lo había perdido todo. Ayudaba a otros, pero olvidó sanar sus propias heridas y siguió sin dormir… (Cont.)” E.W. (C)

 

Soledad.

Después de un día cansado, eterno y emocionante; al llegar a casa. el silencio lo ocupa todo.

Nadie está ahí para escuchar sobre el cansancio o el hambre; tampoco es necesario evitar el abrazo por el olor de 12 horas de trabajo, Jaime y Tesla acuden leales, y entienden, pero, falta algo, alguien, una voz humana que responda, que emita un simple “‘¿Cómo te sientes?”.

Opacar ese silencio, la ausencia de todo con cualquier contenido en la televisión.

Y es después de ello, es que entiendes que no hay nadie en realidad.

No soy un poema.

“No soy un poema”,

leí esa frase con tu voz,

inevitable recordar cuando pronunciaste “voz aceitunada” en el cementerio.

Sí,

eres poema,

verso.

No sabes qué hacer cuando te digo que cierro los ojos y eres tú,

despierto ansiando tu piel.

“No soy un poema”,

no entendiste que cada vez que la luna me sorprende,

tu nombre acude puntual.

Tu respirar en mi cuello, cura el insomnio,

al tiempo que despierta

 

Fuimos.

Éramos, fuimos,

en una fotografía,

en un poema de Benedetti.

Por unos instantes redondos, fuimos.

Y te añoro, después de eones sin tu cuerpo cerca;

extraño pasar por tu casa y saberte ahí.

Un libro que tardaré cien años en leer,

porque al cerrarlo, sabré que no habrá nada más.

Ni una oportunidad de besar tus lunares de nuevo.

 

Hay un pájaro cantando efusivamente fuera de casa, lo escuché por una abertura de la ventana.

Debo irme, desde hace tiempo, buscar en otro lugar.

Huyen las palabras, son imágenes tan solo, fotografías jamás tomadas de un futuro que jamás tendré.

Un corazón gangrenado, imposibilitado. Pero duele, a pesar de todo duele, como las alas quebradas de aquella mariposa, o tu pierna al caer. Duele, como si fuera posible.